Mileuristas

libro mileuristaMileuristas.
Ariel, 2006.

Sinopsis:

Espido Freire aborda en este libro, que publica Ariel, el estudio de su propia generación, de los mitos creados y los reales; analiza la realidad diaria de los jóvenes que crecieron con la promesa de tenerlo todo y que han obtenido a cambio mil euros.


A esa generación se la ha bautizado como la de los mileuristas y forma un grupo social cada vez más numeroso, pero aún poco comprendido y analizado. Hace algún tiempo, una carta al director de Carolina Alguacil publicada en El País atraía la atención hacia los treintañeros que hasta entonces habían permanecido silenciosos y pasaban desapercibidos: toda una generación que sobrevivía con mil euros de salario mensual, si llegaba. Una generación que vivía en la paradoja permanente: conformista pero desesperada, educada pero sin expectativas, consumista pero pobre, desgajada pero con señas de identidad comunes. Un amplio colectivo de jóvenes que sobrevivían con pocos medios en plena sociedad de la opulencia. En esta primera parte, Espido aborda los aspectos relacionados con la sociedad, la educación, la economía... que caracterizan a una gran parte de la juventud española.

Reseñas:

· 20/10/2006. ADN (Barcelona y Madrid) // Daniel S. Caballero
"Es el "alma y mente" de la generación de los mileuristas, Espido Freire (Bilbao, 1974) presentó ayer Mileuristas. Retrato de la generación de los mil euros (Editorial Ariel), su último libro, una reflexión en forma de ensayo sobre una generación sin idea de generación, nostálgica, aislada entre sus padres, reivindicativos, y sus hijos, pasotas pero "con algo que decir". Según ella, el primer libro de este estilo escrito. (...)"

· 24/10/2006. LA GACETA DE LOS NEGOCIOS (Nacional) // Jorge Valero
"(...) su último ensayo, Mileuristas (Ariel), es el salvoconducto que le permite entrar y salir de este grupo que "no quiere ser una generación". Ella se sacude las responsabilidades de que este libro sea la mecha que encienda a una generación, como El Capital de Marx lo fue para una clase. Aunque, entre la destrucción de realidades y la confirmación de algún que otro mito, deja escapar un "ojalá", (...)"

· 08/11/2006. LA VANGUARDIA (Cataluña) // J. Barranco
"(...) A la escritora le preocupa "el no asumir el poder por una generación joven pero que ya no es tan joven". Por eso su libro no es de testimonios, sino de análisis, y en él se enfrentan tres generaciones con magros resultados para los mileuristas (...)"

· 03/12/2006. ABC (XL SEMANAL) // Juan Manuel de Prada
"(...) Espido Freire nos ofrece una radiografía de una generación aquien da nombre su precariedad económica y profesional: veinteañeros ya talluditos o treinteañeros que han de conformarse con sueldos exiguos, que a menudo no alcanzan los mil euros. (...)"

· 09/01/2007. ABC (XL SEMANAL) // Juan Manuel de Prada
"(...) Espido Freire nos ofrece una radiografía de una generación aquien da nombre su precariedad económica y profesional: veinteañeros ya talluditos o treinteañeros que han de conformarse con sueldos exiguos, que a menudo no alcanzan los mil euros. (...)"

Portadas:

mileuristas portugues

Edición portuguesa

Introducción:

¿Qué es un joven?

Las dificultades que surgen cuando se intenta analizar el fenómeno de los mileuristas se multiplican con cada nuevo paso. Una de ellas, no la menor, consiste en que hablamos de una población joven y cambiante, a la que se somete a un estudio sincrónico: como si abriéramos un tajo en la sociedad con un cuchillo, e intentáramos descifrar qué mensaje se oculta en su interior, y lo que encontráramos fuera mantequilla caliente que permite una cuchillada fácil, pero que se derrite, fluye y cambia.

El Injuve, el Instituto de la Juventud que depende del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, habla de una franja de edad entre los 16 años (adolescentes) y los 35 (claramente adultos). El último Informe Juventud en España data del año 2004, aunque cada año el Injuve procura actualizarlo con una serie de sondeos anuales, que comenzaron en el año 2001; esos Informes se ocupan tanto del análisis de los jóvenes sobre su realidad (la llamada percepción generacional) como de sus preocupaciones y se centran en las opiniones de 5000 personas de ambos sexos entre los 15 y los 29 años.

El censo del año 2001 indicaba que los jóvenes entre esas edades suponen el 22,4% de la población española: 9.149.511 personas, de las cuales 3.500.248 tienen entre 25 y 29 años. Producto del Baby Boom, esos jóvenes, nacidos en los años 70, forman parte de los incluidos en este ensayo. Uno de cada veinte de esos jóvenes es extranjero o inmigrante.

Las conclusiones del Informe Juventud 2004 eran contundentes: un 75% de esos jóvenes no habían conseguido la independencia económica de su familia, y muchos de ellos consideraban esa independencia como transitoria, y lo que era aún peor, reversible, ya que en caso de pérdidas económicas o de separaciones afectivas, muchos de ellos necesitaban de sus padres, con los que por lo general vivían, de todas maneras. El regreso al hogar paterno, sobre todo en el caso de los hijos varones, podía producirse en cualquier momento. Como consecuencia, la familia se había transformado en un espacio compartido y negociado: se pactaban los límites y se intentaba respetar la independencia de padres e hijos.

Menos de la mitad (un 48%) había conseguido un contrato estable. La tasa de paro juvenil doblaba la cifra del adulto, y alcanzaba su cota más alta entre las mujeres. Los varones ganaban de media unos 784,7 € mensuales. Las mujeres, un vergonzoso 27% menos, 573 €.

Sin embargo, por desalentadoras que resultaran esas cifras, mejoraban las dadas en el anterior Informe 2000; cuatro años antes, sólo un quinto de los jóvenes había conseguido la autonomía económica. Por otro lado, dadas las circunstancias familiares y de formación españolas, tanto la emancipación como la independencia económica sólo puede plantearse a partir de los 20 años, en la inmensa mayoría de los casos, y por lo tanto, los sueldos y las becas de los adolescentes o de los estudiantes con empleos a media jornada sesgaban estos datos. Aún así, se establecía que casi la mitad de los jóvenes de 25-29 años no tenían ingresos suficientes para cubrir todos sus gastos. Ello nos lleva a plantearnos cuáles eran esos gastos, y a cuánto ascendían. El sueño consumista de la franja de edad más joven se reducía a comprarse una moto y viajar. Entre los mayores, una casa propia, y viajar, también. Pocos de ellos habían cumplido esos objetivos. Mientras los conseguían, salían de copas (el 60% de ellos confesaba consumir alcohol de manera habitual), se encontraban con amigos, iban al cine, dedicaban unas nueve horas semanales a Internet, y nueve de cada diez poseía un teléfono móvil al que intentaba sacar el máximo provecho. Se consideraba que gozaban de entre 25 a 40 horas semanales libres (las mujeres, dos menos, de promedio). Leían unos cuatro libros al año.

El estudio ofrecía cifras que permitían creer en su optimismo y su grado relativamente alto de satisfacción: aunque con una tibieza sorprendente hacia las preocupaciones vitales (se confesaban prácticos y con intereses inmediatos), daban gran importancia a sus relaciones personales, se sentían más vinculados con su pueblo y su ciudad que con un nacionalismo autonómico, y entablaban relaciones sexuales a partir de los 17 años (los varones) o de los 18 (las mujeres).

Limitados pero contentos, podría ser la conclusión más palmaria del Estudio. Y sin embargo, cuando los resultados fueron publicados, cada uno de los foros que recogieron los datos, cada una de las conversaciones que comentaban los porcentajes ardían con información contradictoria, y con exclamaciones indignadas. Los jóvenes consideraban esos datos optimistas, y falseados: ni el tiempo de ocio, ni los salarios, ni el grado de satisfacción se daba por válido. Se quejaban de haber sido estereotipados, de enfrentarse a una nueva imposición generalizadora. Por un lado, unos lamentaban la injusticia de esa realidad, la poca ayuda recibida por los adultos y la situación económica. Por otro, muchos de ellos, con una visión más conservadora, venían a decir que si esa situación continuaba se debía a la actitud acomodaticia, egoísta y complaciente de sus compañeros de generación.

La opinión general de los primeros se resumía en que tras varios años de estudio de una carrera, era injusto que se obtuviera a cambio un sueldo por debajo de los 600 €, con contrato temporal. Se negaban a trabajar jornadas extenuantes, y días festivos, que veían como un retroceso de los derechos laborales, y como una pérdida de oportunidades de ocio y de conseguir relaciones sexuales. Preferían trabajar para vivir, y no vivir para trabajar.

La de los segundos podía plasmarse en: los jóvenes quieren independizarse, pero sólo con trabajos bien considerados y remunerados. Rechazan trabajos porque los horarios no son acordes con su estilo de vida, o no son valorados socialmente, aunque reciban un buen sueldo, y les permitan independizarse. En resumen, saben lo que quieren, pero no hacen lo suficiente por conseguirlo y responsabilizan a otros del problema.

Por esas mismas fechas, la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes (FUCI) hacía público un informe según el cual los jóvenes españoles de once regiones españolas necesitaban dedicar una media de 11 años de salario íntegro para financiar la compra de una vivienda. En el caso de Madrid, aumentaba a 18 años de salario. Íntegro. Euro a euro. Eso obligaba a contratar hipotecas a 40 años, que comprometieran el 60% de su salario mensual. (88% en el caso de Madrid; incluso aunque se contemplaba que el sueldo madrileño es un 10% superior a la media. Claro, que eso suponía entre 60 y 70€ más, lo que movía un poco a risa. Si se trataba de una pareja, el porcentaje descendía al 56% del salario).

Ésas eran las cifras que se barajaban oficialmente. Y sin embargo, las cifras no hablaban con la suficiente claridad, ni analizaban excepciones; si bien se detenían en el corte, no analizaban los dibujos caprichosos de la mantequilla. A falta de datos fiables, en mitad de un proceso dinámico de evolución, era preciso recurrir a Internet, (foros, blogs, páginas web), a publicaciones independientes, a experiencias personales. La calle reforzaba o negaba lo que los estudios indicaban, pero sobre todo, se dividía entre insatisfechos y conservadores, pasivos y emprendedores que pretendían ofrecer una solución efectiva para los conflictos de la juventud española.

Ninguno de los estudios interpretaba tampoco qué ocurría en especial con ese sector de la juventud menos adolescente, que servía de bisagra entre los coletazos de la pubertad y la primera madurez que había atraído tanto la atención durante los últimos años: los jóvenes que en el verano de 2005 Carolina Alguacil definió como mileuristas.

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