Las Artes del Yute

Cuando me nombraron Embajadora del Yute de Caravaca sabía que me vinculaba a un sector de gran arraigo en la provincia de Murcia, a una tradición artesanal que se remontaba a siglos, y a un sector de la moda, el del calzado, que debe innovar constantemente no solo en diseños, sino también en tecnología. Ligereza, ergonomía y salud son palabras que manejan constantemente. Además, el yute es un producto que procede de la naturaleza y acaba en la naturaleza, y por lo tanto, muy sostenible.

En el II Festival de las Artes del Yute, Youte, al que acudí este pasado fin de semana, continué aprendiendo más: ya en 1556 una ordenanza de zapateros regulaba el dumping, la bajada de precios desleal para la competencia. Es decir, que el trabajo primero del cáñamo para la elaboración de las suelas del calzado, y después, cuando éste fue prohibido, del yute, ha producido trabajo en la región durante generaciones; y lo sigue haciendo, porque a diferencia de otras industrias, esta no se ha descentralizado.

La parte más tecnologizada del proceso pude verla en la visita a dos fábricas muy distintas: la de Kanna, que produce también calzado de invierno, y la de María Victoria, que me enseñó en el muestrario los diferentes gustos que los clientes internacionales muestran. La más artesanal pude verla en directo, mientras las expertas cosían con punto de ojal las alpargatas que los niños habían diseñado para un concurso dirigido a ello. En apenas un día, cosieron la suela y la tela de 110 pares de alpargatas de tamaños muy diferentes.

El Festival, que reunía algunas de las marcas más destacadas de la región, que exhibían y vendían sus productos a precios más reducidos, tenía lugar en un palacio abandonado durante siglos, el Patio Monumental de los Jesuitas, con música en vivo, y rincones donde los zapatos y los complementos aparecían entre las piedras centenarias. Un paraíso para los amantes del calzado: alpargatas para todos los gustos. Con la guía de Salva Gómez, las fue viendo todas: las clásicas valencianas, y las más sofisticadas de lentejuelas, raso o desflecadas. Planas o de cuña. Las de novia, o de crochet, o de cuero. Abiertas o cerradas.

El yute no se acaba en el calzado: Inés, de Montesinos Vilar, me enseño cómo sobre el más fino trenzado de yute, con una horma de cabeza, una plancha y exquisito mimo podía crear tocados y sombreros. Así elaboró el panamá Melocotones Helados, una pieza única que recoge todo el mundo de esta sensible artesana y parte del mío literario.

El resto de las empresas que visité son Kanna, Maypol, Casteller, Clara Durán, Carmen Saiz, Maria VictoriaConchisa, Lofs, centrada en calzado tecnológico, Senda Shoes, Esparteñas Helena, y DFelino, dedicadas sobre todo al calzado. Las otras firmas se centran en bolsos y complementos y son Anna&Robert, con carteras y bolsos, Montesinos Vilar (la de los fabulosos tocados), Rocai Spirit, monederos y bolsos, y Colton Foter, pajaritas. Recordad estos nombres, porque me vereis mencionarlos en adelante.

Queda mucho por hacer por el Made in Spain y por el calzado español. Falta conocerlo y valorarlo, saber qué historias se esconden detrás y el mundo que muchas firmas están creando. Mi compromiso con él y con otras industrias tan interesantes, y con tanto arraigo como esta, ha sido siempre constante. Ahora, lo renuevo y espero mostrar y difundir, como Embajadora, sus productos, su filosofía y su trayectoria.

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Las fotos fueron tomadas en Caravaca de la Cruz, en los distintos puestos del Festival del Yute, y en las fábricas antes mencionadas, por Nika Jiménez. El vestido amarillo con estampado de mariposas (que, muy acertadamente, en mi Instagram calificaron de Macondiano, porque recuerda a las mariposas amarillas que acompañan a uno de los personajes de Cien años de Soledad) es de Dolores Promesas Heaven, así como la falda azul con la que recogí mi certificado y el vestido de gasa estampado que aparece en las imágenes. En el clutch de terciopelo verde con un camaleón habréis reconocido a Mibúh. Las alpargatas de ante y doradas que llevo con el vestido macondiano son de María Victoria y las que acompaño con la falda azul, de Maypol.

Los zapatos cómodos se hicieron para caminar, y el sendero es largo. Allá vamos.

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